De boda: eres la invitada, no el regalo

Queridos todos: Se acerca una época del año cuando menos complicada para este tema que tratamos. La temporada de bodas esta a la vuelta de la esquina y el miedo empieza a apoderarse de todo mi ser. Las fashion killers están a punto de tomar las calles y ninguno podremos escapar de ellas ni hacer nada para evitarlo.

Amigas todas, fashion killers varias: no es difícil ir bien vestida a una boda. Os lo juro por Snoopy. Voy a intentar daros una serie de reglas que si cumplís, os harán salir airosas del trago y hacer que los demás sigamos teniendoos un poco de respeto. Son cinco, aquí van.

Regla número uno. Como reza el título de la entrada, toma conciencia de que cuando asistes a una boda vas eso, de invitada. El regalo va aparte, normalmente es ese paquetito que les das a los novios unos días antes o después del evento o la cantidad de dinero que les ingresas en su cuenta para que disfruten de su viaje de novios. Pero NO tú. Si quieres más ejemplos me los pides y te lo vuelvo a explicar. Pero olvídate de ser la mujer-lazo.

Regla número dos. Super importante, tatúatela en la frente si es necesario: MENOS ES MÁS. Siempre. Si tu vestido ya va cargadito de perifollos, abalorios, lentejuelas, lazos y brillo suficiente, evita cargarte de complementos. Los tocados y las pamelas hay que saber llevarlos. Y tu no sabes, asúmelo. Date la oportunidad de ir mona, y dale la oportunidad a la novia de disfrutar de su día, que la protagonista es ella. El estilo Sonia Monroy en los Oscar es mal, muy mal, en los chinos de mi barrio tienen cosas más monas y más baratas seguro. Eso no es glamour, es ser hortera de playa. No la imites nunca.

Regla número tres. Los trajes de luces para los toreros. Esta va un poco al hilo de lo anterior. Normalmente estamos monas con cualquier vestido sencillo y con un poco de gusto que nos pongamos. En casi cualquier tienda ya tenemos propuestas muy respetables, bonitas y muy económicas a las que seguramente saquemos partido más adelante para otras ocasiones. ¿Cuantos vestidos tienes colgados en el fondo del armario o guardados en el trastero porque solo de mirarlos la vergüenza ajena te invade? A los demás nos pasa, también con los tuyos. Evítalo, querer es poder.

Regla número cuatro. Si nunca jamás en todo el resto del año te calzas unos tacones, evita crecer 13 centímetros de golpe y parecer un pato mareado. Es ridículo y vas a hacer lo idem. Además es muy probable que te hagas un esguince a los diez minutos y tengas que volverte a casa. Y entonces ya ni vestido, ni pamela, ni el broche de libélula ni las lentejuelas del bolso. Hazlo por ti.

Regla número cinco. Esta es un regalo que te hago más allá de la moda y del estilo. Si no sabes beber, no lo hagas. Menos en una boda. Seguro que tienes una reputación que mantener, así que intenta no perderla. Porque cuando bebes sin saber, al poco tiempo se te suelta la lengua y haces partícipes a los que te rodean de información que ya te digo de antemano que no necesitan. Eso cuando no te da el momento de sinceridad y la lías parda hablando de lo que no debes cuando no debes. Sobretodo esto último es muy muy peligroso cuando es una boda relacionada con tu trabajo. Recuerda siempre que al lunes siguiente tienes que volver a la oficina y que probablemente todo el resto recuerde como bailaste el baile del pañuelo dándolo todo en mitad de la pista. Después no digas que no te avisé.

Como ves, es sencillo, cinco cositas de nada que debes grabarte a fuego en lo más profundo de tu ser. Evítanos por caridad el sufrimiento al resto de los mortales y disfruta de ser una persona normal por un día. Tu puedes.

Para vosotros que me leéis, los agentes de este blog, pediros por caridad cristiana que si notáis que se me escapa algo tengáis a bien compartirlo en los comentarios. Todo sea por la salud mental del resto. ¡Gracias a todos!

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