Erase una vez…

Llevo tiempo dándole vueltas a este tema de intentar poner un poco de cordura en esto del estilismo. Con mis amigos y conocidos muchas veces bromeo sobre la falta que nos hace en este mundo una “policía de la moda” que ponga un poco de orden. Y con la posibilidad de estar perdiendo dinero por no haberlo hecho ya visto lo que se ve por ahí.

En un principio el blog iba a llamarse así, “la policía de la moda” o algo similar. Pero después he pensado que es un término demasiado manido y tal vez algo impreciso. Porque modas hay muchas y muy variopintas como ya he comentado, pero con el estilo uno ya nace, no se hace. De ahí el nombre final del blog.

Importante destacar que por supuesto no soy ninguna experta ni gurú de este mundo, ya me gustaría, pero aplico el sentido común a lo que veo y sufro a diario. Otros no lo hacen y por eso estamos aquí. La pescadilla que se muerde la cola que lo llaman.

El empujón final para estar aquí ahora me lo he llevado este fin de semana. Bueno, eso y que esta semana me han dicho que para ser alguien en esto de los bloggers uno tiene que tener su espacio en WordPress. Y oye, que yo soy muy bien mandada y mira tu si no les hago caso y tienen razón y todo…

La cuestión es que este fin de semana, aprovechando el buen tiempo, me fui con un par de amigas a una terracita a tomar el aperitivo. Allí estábamos las tres, hablando de lo mundano y lo divino (más lo primero, no nos vamos a engañar a estas alturas). Yo estaba sentada de cara a la entrada del sitio en cuestión cuando de repente algo llamó poderosamente mi atención así de reojo. Era un grupo de gente el que llegaba, y pensé que a lo mejor había visto mal… volví a mirar y para mi desgracia no, lo había visto perfectamente. Allí estaban él y ella entre todos los demás. Fenomenales disfrutando del momento. Saludando y riendo. Y deslumbrando, literalmente. Un par de gafas de cristales efecto espejo se divisaban desde 5 kilómetros a la redonda. Vamos a ver… que si que se llevan, que además en gafas de sol no hay nada escrito y oye no son precisamente baratas si te las compras medianamente buenas como para estar cambiándolas cada 15 días. Pero siempre dentro de un orden. Unas verde-prao-verano y otras azul-cielo despejado. MAL. Esas gafas, concretamente las azules, las tuve yo hará unos 15 años por lo menos. Que recuerdos y que tiempos aquellos, mis primeras gafas de sol cristianas y además ¡hasta graduadas! Pero repito, que tiempos AQUELLOS. Yo entiendo la necesidad de ciertas personas por ser el centro de atención en cualquier sarao, que si, pero no a cualquier precio. Gracias a ellos yo no pude disfrutar en el resto del tiempo que estuvimos en la terraza de mis patatas bravas y mis rabas. Irremediablemente mis ojos se desviaban hasta aquel brillo cinco mesas más allá. ¡Si hasta me veía reflejada desde donde estaba!

Un poco de por favor, y un poco de respeto a los momentos de asueto del resto, hombre. ¿Qué os había hecho yo para no dejarme departir a gusto?

1, 2, 3… ¡MULTAZO!

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