Las dos catas de la belleza.

La semana pasada mi vida de parada aburrida se vió alterada por dos acontecimientos similares en el concepto aunque muy diferentes en la forma.

Todo empezó el miércoles con una llamada para hacerme una limpieza de cutis, cortesía de una amiga. Ella fue en su día y le ofrecieron que otras amigas corrieran su misma suerte. Todo gratis, me dijo. No tienes que comprar nada y oye, a caballo regalado… Así que acepté y me dieron cita para el día siguiente. También me comentaron que podía llevar a otra persona conmigo, así que llamé a otra amiga y quedamos en ir juntas. Escribo y con tanta amiga de amiga de otra amiga y de mi amiga, me viene a la mente la imagen de David Santiesteban con la guitarrita y la melena. Ahora lloro bajito.

Me centro ya. Quedamos ambas dos en encontrarnos en el portal del número de la calle que me dijo la chica por teléfono para entrar y llegar juntas. Coincide que a lado de la puerta hay un centro de belleza y cuando llego mi amiga me dice que tienen muy buena pinta, que que bien. Primer error. Nuestra cita es en algún lugar dentro del portal. Veo el cartel, llamó al timbre y entramos. Encontramos el sitio, y la verdad es que ya la entrada deja mucho que desear en comparación con lo anterior, así que se nos queda un poco de cara de ¿mande?. Llamamos y nos abre una chica que nos invita a pasar a una sala, porque “ya lo tiene todo preparado” para las dos. No entendemos muy bien aquellos, pero allá vamos. Y nos manda pasar a una sala con una mesa en el centro y 4 sillas. Dispuesto en el centro de la mesa vemos dos cuencos, dos espejos, dos tapetes y una serie de botes de cremas y productos…

Si, seguro que alguno ya habéis hilado fino. Aquello no se trataba de una limpieza de cutis al uso, sino de una demostración de productos de una marca en cuestión que intentan meterte por los ojos. Mi amiga me mira sorprendida en plan de “¿tu sabías esto?” y yo le contesto, en un despiste de nuestra nueva amiga con un “¡a mi que me registren!”. Pero claro, en ese momento tampoco te vas a levantar y marcharte. Así que allí nos vemos las dos metidas en aquel jardín, expectantes ante lo que nos venía. La marca me la ahorro, que para bien o para mal todavía no me pagan, así que la publicidad para los anuncios de la tele.

Total, a lo que vamos. Nuestra anfitriona comienza explicándonos las bondades y beneficios de su marca. Porque que sepáis que ellos trabajan con el Barça y con Fernando Verdasco entre otros, que usan también sus productos, y que la empresa va viento en popa a toda vela por el mar de los negocios, hasta en 88 países representados, y fíjate tu, que bien, hay que ver, lo bonito que es el mundo y la vida que nos rodea alrededor. Porque fíjate que ella en dos años ha perdido tropencientos kilos, que hasta dejo su trabajo para dedicarse a aquello, porque alucina vecina que el futuro esta allí. ¡Y yo en el paro tan tranquila y sin que nadie me avisase de esto! Desde luego…

Así que allí estamos mi amiga y yo con los cuencos, las esponjitas verdes, los espejos delante y nuestra nueva amiga explicándonos como ir aplicándonos los potingues varios que tenía preparados. En un momento dado, nuestra ya más mejor amiga de la vida y de la muerte nos ofrece una infusión. Todo bien hasta aquí, amable la muchacha, mira tu que detalle, hasta que ante nuestra negativa suelta así con toda naturalidad “Pues yo me voy a prepara una. Que es quemagrasas, ¿eh? Nada de una de esas infusiones cualquiera que te ponen en los bares, que mira que son malas…no no…QUE-MA-GRA-SAS. Vamos, que yo cuando voy a algún sitio pido que me pongan solo el agua caliente y me llevo yo el sobre en el bolso”. Y el resto de mortales bebiendo el veneno de los bares y muriendo poco a poco.

Seguimos con la sesión. “Ahora vais a probar esta crema, una hidratante y otra purificante. Lo que si que vais a notar es como un picor en la piel. No os preocupéis, eso es el vapor”. EL VAPOR. Así cono os lo cuento, palabrita, de verdad de la buena. EL VAPOR. Como el que salía del barco, pero incluido en la crema por el mismo precio. Yo debí perderme ese día de cole. O ella, que ya puestos vete tu a saber. “Secadme bien los tapetes, pero bien secos, ¿Eh? ¿Seguro que los habéis secado bien? ¿pero del todo? ahora ponte esta crema en la cara con 5 puntos. ¡5! ¿te has puesto los 5? Así, eso, pero seca el tapete y aparta el cuenco. Como os esta cambiando la piel, parecéis otras. Miraros la una a otra. ¿Os lo notáis, a que si? Y ahora el aloe vera, que entre otras muchas cosas es bueno para los arzuelos¿el tapete sigue seco, no?” Y así casi una hora de un no parar.

Amazing, que dirían los yankees. Os podéis imaginar el percal… allí nosotras dos acompañadas de una jovenzuela obnubilada por una organización sectaria de estructura piramidal que hacía que su vida fuese más bonita y llena de color. Y convencida, ¿eh? Pero del todo. Tremendo. El final llegó con el intento de vendernos algo, claro. Yo ya me tenía preparada la excusa “es que me acabo de comprar un tratamiento hace poco”, y mi compañera de batallas mirando al suelo viendo mentalmente el lento paso de los segundos en el reloj. Todo ello acompañado del lento sorber del te de nuestra anfitriona. No se ni como reproduciros el sonido escrito, pero seguro que ya os hacéis una idea. Pues así toda la sesión. Impresionante documento, un expediente X de la belleza en pleno siglo XXI.

En el lado contrario de la balanza, y por cosas del destino, esa misma tarde mi madre me comenta que tiene cita al día siguiente en un conocido centro comercial para un masaje facial. Una marca de la que habitualmente compra productos regala el servicio a sus clientes. Y resulta que al final no puede ir y ha pensado que podría ocupar su lugar.  Nos os voy a negar que tuve un momento de pánico escénico y de sentimientos encontrados por la experiencia de esa misma mañana, pero al final acepté.

¿Sabéis eso que se dice de el ying y el yang? Pues este es el mejor ejemplo que conozco desde hace mucho tiempo. Llego a la hora convenida y me atiende una señorita muy amable que me pasa a la “cabina del masaje”. Yo me esperaba, visto lo visto, una demostración igual que la del día anterior allí mismo a la vista del personal. Nada más lejos de la realidad. Un masaje facial en toda regla. Con aplicación de los productos de la marca, si, pero no siendo yo misma la que tenía que hacerlo con una persona estresándome a lado porque no lo hacía correctamente, sino por una persona profesional que se dedica a ello habitualmente. Y la diferencia fue notable.

A ver, no nos vamos a engañar. En esta también la intención final era vender, pero no de la misma manera y desde luego cuidando mucho más el producto y al cliente. De 0 a 100 en dos mañanas, vaya. Las dos catas de la belleza en estado puro.

¿Moraleja de la historia? A caballo regalado búscale las caries, que no es oro todo lo que reluce.

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Un pensamiento en “Las dos catas de la belleza.

  1. Me partoooo!!!!

    Fdo: la-compañera-de-batallas-mirando-al-suelo-viendo-mentalmente-el-lento-paso-de-los-segundos-en-el-reloj”

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